Practicante: Esa no es ninguna novedad. La novedad es que lo hayan denunciado.

Carla: ¿Cómo que no es novedad?

Practicante: Y no es el único en la universidad. Hay unos cuantos más.

Carla: ¿Y por qué no dicen nada?

Practicante: Porque uno de ellos es parte del grupo de disciplina donde tendríamos que ir a denunciarlo. Es decir, es por las puras.

Carla: ¡Quéeeee!

Practicante: Imagínate, si reaccionas así, ¿cómo se pondría mi mamá? Por eso ni le he contado.

Este diálogo es casual, pero totalmente real. Y por obvias razones no puedo revelar de quién se trata.

El caso de Julio Alegría Cueto abrió una puerta que será difícil cerrar. Eso espero. No porque recién nos enteramos qué sucede en las aulas. Sino porque lamentablemente tuvimos que darnos cuenta que hasta un supuesto hombre correcto, respetado en parte de los medios de comunicación y el sector educación, era también un acosador sexual.

El poder del profesor abusivo se acrecentó con el silencio de sus alumnas. ¿Cuántos casos más habrá no sólo con él sino con otros maestros y maestras que aprovechándose de su cargo de superior sometieron a sus alumnas y alumnos? No sólo eso ¿cuántas instituciones educativas lo permitieron al no tener normativas claras y específicas sobre acoso sexual que realmente protejan a sus alumnos antes que a su prestigio institucional?

La comisionada para los Derechos de la Mujer de la Defensoría del Pueblo, Yuri Marcelo, señala que “en la mayoría de universidades públicas y privadas no existe una normativa específica sobre el hostigamiento sexual. Y cuando esta no existe se diluye el procedimiento con otras sanciones”. Y es importante la normativa específica porque el acoso sexual tiene características propias para resguardar a la víctima. El trato psicológico, legal, evitar la estigmatización en el centro de estudios, ayudarla a readaptarse en la universidad o darle opciones para estudiar en otro lugar si el trauma es fuerte.

La comisionada indica que la Universidad de Tumbes pasó por un caso similar. Sin embargo confirmó que el docente, que está comprendido en una investigación penal por acoso sexual a una alumna, sigue trabajando en el plantel. La Defensoría acudirá a la Sunedu para que tomen cartas en el asunto. Entonces, ¿cómo se van a sentir protegidos las alumnas? ¿Cómo van a querer visibilizar el problema si no hay un sistema que lo permita?

Aquí un caso que podría funcionar. La Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) cuenta con una "Comisión contra el hostigamiento sexual". En junio pasado, dicho grupo informó que en dos años de funcionamiento ha recibido 27 denuncias, de las cuales 11 fueron declaradas fundadas. La citada comisión informó que cuatro docentes y un predocente han sido sancionados con la separación definitiva de la universidad. Otras 11 denuncias están en investigación.

¿Pero cómo hacer si te sientes acosada? Aquí unos consejos utilitarios.

* Debes reconocer el tipo de relación. El profesor es una autoridad. Y no debe ejercer su poder para pedirte cosas que vayan más allá del ámbito académico.

* ¿Reconoces su preferencia hacia ti más allá de lo académico? Graba whatsapp, correos, conversaciones, etc.

* Denuncia su comportamiento ante el decano de la facultad. Ojo la declaración de la víctima es importante. Te aconsejo pases por el centro psicológico de la universidad. Esa conversación con el psicólogo podrá ayudar.

* ¿Qué sucede si el profesor forma parte del consejo de ética o disciplina? Es decir, es juez y parte. Acude a la autoridad superior.

* Si no eres escuchada, la siguiente instancia es la Sunedu.

* Y lo más importante. Nunca te quedes callada. Debes visibilizar el problema. Tu silencio es cómplice.